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Wednesday, September 28, 2016

Privilegio

Soy un nicaragüense privilegiado. Decirlo y aceptarlo se ha convertido en toda una revelación personal. Suena a chiste porque no es ninguna revelación. Sin darle muchas vueltas al asunto: terminé la secundaria; concluí la universidad; crecí en un ambiente seguro; tengo un salario de más de 2 dólares por día… podría seguir con la lista, pero ya entienden la idea.

Ese privilegio me ha hecho ver la vida y entender mi realidad de una manera que otros nicaragüenses no comparten, y cuando digo "otros" estoy consciente que es la mayoría de la población. Esta "revelación" personal me ha hecho tratar de pensar en esos diferentes universos que nunca podré entender por completo, no como un ejercicio académico de abstracción sino como un ejercicio de reflexión personal. No tener comida, seguridad, salud, educación. Pensar en el hoy como algo que se debe sobrevivir.

Los políticos de mi país también son privilegiados, junto con intelectuales, empresarios, aquellos que trabajan en organismos no gubernamentales; los que organizan eventos o leen y discuten sobre democracia, transparencia, corrupción y libertad de expresión. Para nosotros, nicaragüenses privilegiados, el tiempo se mide diferente. Nos sentamos a discutir por horas cosas que esperamos pasen en cinco años, o quizás nunca pasen. Pensamos que un mal puede ser menor si en el futuro puede traernos bienestar. Y todo esto lo hacemos desde nuestra forma de entender la realidad, desde nuestro privilegio. Y es que cuando tenemos el refrigerador lleno, no pensamos en aquellos que no tienen refrigerador.

Editado: 29.09.16

Friday, September 2, 2016

Con Migomismo por dos meses en Managua

Estoy pensando nuevas formas de escribir. Podría por ejemplo hacer una pregunta a Migomismo y contestarla con algo no relacionado, haciendo gala de esa forma de hablar de los latinoamericanos que no conduce a nada, donde la realidad y la ficción conviven con la suposición. Aunque eso ya lo he hecho varias veces antes, como aquella vez que les contaba del vendedor ambulante que ofrece pastillas desparasitantes en el bus. No, perdón, eso lo leí en otro blog supongo. ¿Por dónde iba?

Nuevas formas de escribir, decía. Podría hacer una introspección - guiño de ojo a usted lector y vista a la cuarta pared, diálogo a lo Francis Underwood - ¿Nada de esto tiene sentido? Se pregunta, eso mismo digo yo querido lector. Nada - repito en forma dramática mientras tomo un sorbo de mi taza de café -

Quisiera decir que encontré a Migomismo parecido de como lo dejé cuando me fui de Managua hace dos años, sería más fácil de explicar, pero nos mentiría a ambos. Es cierto que lo encontré igual de negativo, sofocado por el calor, empezando una conversación sobre aplicaciones móviles y terminándola sobre la política, o mejor dicho lo que en Nicaragua llaman política. En la "rebusca", haciendo un poco de esto y otro de aquello. Pensando en irse a otro país, pero saboteando todos sus intentos. "Gordo, la incertidumbre en Nicaragua parece más severa", dice. 

Después de convivir con Migomismo casi dos meses, veo que él parece haberse resistido al cambio, pero Managua no lo esperó, siguió su camino. Todos lo hicieron o al menos eso parece en la superficie. Hurgar en esa superficialidad es incomodo, nadie quiere explicarle a alguien que parece venir de otro planeta cómo funcionan las cosas ahora, por qué o cómo las cosas han llegado a estar como están. Será inercia, será boom económico, ¿quién sabe hermano?

Por qué, por ejemplo, la gente que vive en otros países (o lo que parece otro país) habla en redes sociales como si en Nicaragua hubiese ocurrido una especie de Apocalipsis, pero en Managua se respira un aire de "aquí no ha pasado nada, vuelva después". Por qué parece haber más carros, edificios y salir a comer parece ser más caro que en España y casi igual que en Dinamarca, pero los salarios no parecen haber aumentado y los bares y restaurantes no dan abasto.

Por qué ahora se niega el agua del grifo en algunos lugares. Por qué todos parecen tener una historia de terror con algún doctor o doctora, que a su vez parecen estar sobrecargados de pacientes en un sistema que parece colapsado. Y la gente tiene alarma en sus casas, en sus carros, en sus teléfonos inteligentes. Agarrarme ese trompo en la uña "país más seguro de Centroamérica".

Pero a nadie le gusta la gente preguntona, así que ahí lo voy a dejar, tampoco se trata de andar perdiendo lectores del blog. "La calle está dura" dice Migomismo, por eso es mejor innovar en la forma de escribir para tener algo que ofrecer. 

Sunday, June 12, 2016

Paciencia mi pequeño Padawan

Si tuviese que describir mis casi dos años de estudio en Dinamarca con una palabra tendría que ser: “Paciencia”. Después de dos años de vivir en la ciudad más feliz de Europa, Aalborg, en el país más feliz del mundo, esa es la única palabra que me viene a la mente.

Todavía en Nicaragua, donde el precio de una mandarina era accesible, sabía que mis ahorros no darían para tantos meses de estudio en el país más barato de Escandinavia. Y durante un año, “Paciencia” fue lo único que me motivó a seguir buscando trabajo. A buscar prácticas o pasantías no pagadas después, en un cambio de estrategia a la desesperada. Al final todo resultó bien, soy testigo de que paciencia + perseverancia a veces funcionan. Tener ahorros; más de 13 años de experiencia laboral; y gente que te echa una mano en emergencias, son esenciales. Suerte es un concepto demasiado esotérico para mi gusto.

Y en medio de eso: el invierno. No es el frío, pero la oscuridad la que aún me causa ansiedad sólo de pensarla. Y eso que mi primo que vive en Copenhagen (la ciudad con más primeros lugares de Dinamarca) ya me lo había advertido. “Qué exagerado” –pensé. La noche es oscura y llena de terrores. Esa que aquí viene a las 3:00 de la tarde y se va momentáneamente a las 9 de la mañana en días que no llueve o nieva o solamente está gris porque sí. En Games of Thrones están esperando el invierno, aquí viene todos los años. Aprendí a encender candelas, planeé comprar una lámpara que asemeja la luz del sol. Sólo “Paciencia” me ayudó a esperar lo que aquí llaman primavera y luego verano, una suerte de estado mental colectivo que al menos en lo que respecta a la luz solar es constante todos los años.