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Monday, December 13, 2010

De Wikileaks y otros destapes

Cuando el “destape” más reciente hecho por Wikileaks “estalló”, periódicos que se leen de izquierda a derecha, de derecha a izquierda, de arriba abajo, analizaban lo que se venía.

Y mientras estos análisis vendían miles de ejemplares al día, al fundador de Wikileaks le empezaban a salir tantos perseguidores como a Osama Bin Laden. Por cierto, que Wikileaks haya tenido que mudar sus oficinas a una cueva en algún lugar de Estocolmo en Suecia es la mejor analogía de los que les digo.

Pero no sólo perseguidores le han salido a Wikileaks. También lo van abandonando sus aliados estratégicos a causa de presiones “diplomáticas”. Amazon, la gran tienda que además vende servicios de hosting, les cerró las puertas. PayPal, a través del cual Wikileaks recibía donaciones, también le dio la espalda. Facebook y Twitter, los nuevos “porteros” de la información, han ido tomando posiciones.

En qué momento dar a conocer información de interés público se volvió un delito comparable a un acto terrorista, se me escapa. Y mientras los lectores de todo el mundo se enteran de alguna que otra verdad incomoda para la diplomacia mundial, al fundador de Wikileaks lo acusan por cargos que pasan por el acoso sexual, espionaje y otros. Por cierto, que al fundador de Wikileaks lo acusen de espionaje, y no a los "espías" verdaderos de la diplomacia es de verdad "desconcertante".


Habría que decirle a estudiantes de periodismo del mundo que “vayan con cuidado”, porque uno nunca sabe cuándo ejercer esa profesión puede volverse delito. Será que en unos meses veremos en vivo el juicio al fundador de Wikileaks, algo me dice que sí. Criminalizar al mensajero es una táctica tan vieja y efectiva que hasta en la Biblia me parece que sale.

Hasta dónde hemos llegado. Los grandes medios globales y nacionales van analizando y reportando las reacciones de los políticos a los cables que salen de Wikileaks con la profundidad con la que cubrirían las infidelidades de Tiger Woods, mientras “sus colegas” la pasan “tranquilos” en alguna cueva en Suecia.

Más que cerrar fila y defender a estos comunicadores, se publican artículos de opinión que se preguntan si los ataques cibernéticos de grupos a favor de Wikileaks son criminales o no, o si el fundador de Wikileaks usa calzoncillos rojos o verdes (esto lo inventé yo, por si acaso).

“Es la aldea global” diría algún experto comunicólogo. Más de lo mismo, diría yo, nada más que ahora a nivel mundial.

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