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Thursday, March 10, 2011

Managua, ciudad de nostalgias

Managua, ciudad de nostalgias. Siempre suspirando por sus mejores tiempos. Y no digo los de antes del terremoto, que esos no los viví, sino incluso los de los 90s, sin tantos malls y food courts. Aquella Managua del Sorbetin, del cine donde hace poco hubo un casino y donde siempre se podía oír a los mariachis de Las Brasas de música de fondo.

Pienso en eso y en dónde me veo ahora y una angustia hace que deje de teclear. Respiro profundo y trato de sobreponerme; quejarse no es una actividad muy productiva que digamos, aunque yo invierto mucho de mi tiempo en eso.

Casualmente el otro día cerró uno de los lugares a los que iba con cierta regularidad, y uno de los pocos lugares donde todavía se hacían conciertos y actividades culturales donde los protagonistas eran nicaragüenses; Fussion. Ya sin esa opción de salida, digamos que se redujo a uno y medio los lugares donde ir que no sean discos con aire acondicionado; lugares, hay que decirlo, donde de repente al mae de la entrada con camiseta de “STAFF” se le pueden cruzar los cables y decidir que no andas vestido apropiadamente para la versión de Studio 54 en Managua.


Las otras opciones, especie de lugares híbridos entre bar y lugar de boquear, donde uno puede estar seguro de encontrar tostones con queso y un rancho sobre tu cabeza.

Tampoco he podido entrar completamente en el feeling de lugares como el Mirador Tiscapa o El Bosque, para clientes que sí vivieron la época anterior al terremoto, y que disfrutan de dar vueltas y bailar al ritmo de “conjuntos”… sudar no es lo mío, aunque algún día lo fue en Rumba.

También me dicen que cerraron Fandango, un lugar Lounge, pero que también tenía sus noches de salsa y merengue… Así también cierran infinidad de lugares, algunos por atreverse a ofrecer algo más que frijolitos molidos y (lo adivinaste) tostones con queso. Otros por no estar en algún lugar popular, que en Managua sólo pueden significar los malls, únicos lugares donde siempre hay gente y que desafían a todos aquellos que dicen que en este país no hay dinero. Ahí todo es más caro porque está de moda, incluso los tostones con queso.

Ya ni hablar de La Colinita del Susto, a donde iba y siempre me encontraba a alguien con una guitarra y me colaba para cantar algunas rolas de trova (cuando me gustaba la trova), aunque nunca anduve en cotona. Antes de eso, la pista de patinaje donde iba de violinista de mis dos mejores amigos, y las papas mientras jugaba boliche en el Bolerama. Por suerte está La Crema Batida y el Top Kapi, lugares que desde ya deberían de auto-nombrarse patrimonio cultural de la capital.

Abrazos a todos los jóvenes señores como yo, que nos estamos quedando sin lugares a donde ir. Hagamos una terapia grupal en algún lado, pronto, ojalá.

*Actualizado 24 de marzo. 5.45 pm

3 comments:

  1. jejeje...

    La Crema Batida sigue siendo un buen lugar, y el Top Kapi... la otra vez maté tres cucarachas cuyo "nido" estaba en la pared, contiguo a mi mesa...

    ¿Y por qué no hacer un bar cooperativa? Sí, así como suena: un bar autogestionado por sus propios clientes. Y hasta podemos hacer nuestra propia cerveza...

    Después de todo, si no se encuentran soluciones, hay que empezar a construirlas.

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  2. Si abren un bar, que no sea en zona residencial al lado de la casa de gente que aspira a dormir de noche. El respeto al sueño ajeno es la paz.

    Y es Studio 54, no 64.

    Not hatin' just sayin'!

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  3. Anonymous, vos si debés estar bien viejo pues ya no ves, el periodista en pijama puso 54, fijate bien

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