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Saturday, April 2, 2011

Crónica futbolera del derbi capitalino (oda a las marchas)

El ambiente se empezó a calentar unos días atrás. Los técnicos mostraron sus cartas en sendas apariciones públicas. El visitante, confiado en su posición contra la reelección, y esperando sorprender al contra ataque. El anfitrión, paz para Libia y apoyo incondicional al líder, capitán indiscutible del equipo.

A medida que pasaban las horas y se acercaba el choque, el anfitrión dejó entrever algunas de sus armas; defensa férrea, sólida y bien organizada, planificada la estrategia días antes, con todos los efectivos del equipo titular al máximo nivel.

El visitante, temiendo un recibimiento hostil en “la cueva del lobo”, afirmaba en la previa confiar en un trato imparcial de parte de la terna arbitral. Durante el partido, sin embargo, quedó demostrado que esta confianza no era más que un amor no correspondido, como veremos más adelante.


El partido empezó varias horas antes. La hinchada local llenó el estadio desde la noche anterior, tomando una posición estratégica, sabiendo que los visitantes no iban a poder ingresar a apoyar a su equipo. Primera batalla ganada, estadio resguardado, el símbolo de “Plaza de las Victorias” intacto, aunque, para el equipo contrario siempre será “Plaza del Fraude”. Ambas conviven y coexisten en el mismo espacio, la teoría de los mundos paralelos hecho “carne”.

Se enfrentaban dos maneras opuestas de entender el juego. Por un lado, el anfitrión, con un gran conocimiento y visión del juego, impidiendo la libre circulación del equipo contrario y con una hinchada que ha demostrado apoyar a su equipo en las malas y las peores, siempre dispuesto a defender su terreno.

En la acera de enfrente, un equipo en formación, cuyas piezas parecen dispersas y sus jugadores se ven un poco perdidos en el campo. Piden un poco a la desesperada el apoyo de su hinchada, buscando remontar esa temporada que se les ha ido de las manos. Parecen jugar con muchos elementos en contra, faltos de estrategia y de automatismos entre sus titulares, muchos de los cuales se han incorporado recientemente, y con jugadores que sólo parecen interesarse por sus ingresos publicitarios. Sin embargo, capítulo a parte para su hinchada, que demuestra una voluntad inquebrantable a pesar de todo.

El balón comenzó a rodar. La defensa del equipo anfitrión lucía impenetrable, y a medida que pasaban los minutos la frustración en el equipo visitante, que nunca llegó a tener el control del partido, terminó por desquiciarlo. La terna arbitral impidió la circulación del equipo visitante en todo momento, cortando el juego constantemente, sin darle posibilidad de poder enlazar varios toques a la vez. Había pasado algún tiempo en que no se veía un arbitraje tan casero, veremos si esto traerá consecuencias.

El equipo anfitrión parecía tener todas las piezas a su favor. Los astros alineados, las cartas echadas, la twitcam instalada, sólo era cuestión de dejar pasar los minutos.

Pitido final del encuentro, con celebración del equipo local incluida, sabedor de que había ganado otra batalla importante camino a la consecución de la copa. El equipo visitante, junto a los hinchas que lograron sortear las barreras que se levantaron cerca del estadio, se retiraron poco a poco, algunos todavía con ganas de lucha, prometiendo regresar más adelante, otros mostrando las heridas en sus cuerpos y ocultando las heridas del alma ante la decepción y frustración acumulada.

El ambiente se empezó a calentar unos días atrás. Los técnicos mostraron sus cartas en sendas apariciones públicas. El visitante, confiado en su posición contra la reelección, y esperando sorprender al contra ataque. El anfitrión, paz para Libia y apoyo incondicional al líder, capitán indiscutible del equipo.

A medida que pasaban las horas y se acercaba el choque, el anfitrión dejó entrever algunas de sus armas; defensa férrea, sólida y bien organizada, planificada la estrategia días antes, con todos los efectivos del equipo titular al máximo nivel.

El visitante, temiendo un recibimiento hostil en “la cueva del lobo”, afirmaba en la previa confiar en un trato imparcial de parte de la terna arbitral. Durante el partido, sin embargo, quedó demostrado que esta confianza no era más que un amor no correspondido, como veremos más adelante.

El partido empezó varias horas antes. La hinchada local llenó el estadio desde la noche anterior, tomando una posición estratégica, sabiendo que los visitantes no iban a poder ingresar a apoyar a su equipo. Primera batalla ganada, estadio resguardado, el símbolo de “Plaza de las Victorias” intacto, aunque, para el equipo contrario siempre será “Plaza del Fraude”. Ambas conviven y coexisten en el mismo espacio, la teoría de los mundos paralelos hecho “carne”.

Se enfrentaban dos maneras opuestas de entender el juego. Por un lado, el anfitrión, con un gran conocimiento y visión del juego, impidiendo la libre circulación del equipo contrario y con una hinchada que ha demostrado apoyar a su equipo en las malas y las peores, siempre dispuesto a defender su terreno.

En la acera de enfrente, un equipo en formación, cuyas piezas parecen dispersas y sus jugadores se ven un poco perdidos en el campo. Piden un poco a la desesperada el apoyo de su hinchada, buscando remontar esa temporada que se les ha ido de las manos. Parecen jugar con muchos elementos en contra, faltos de estrategia y de automatismos entre sus titulares, muchos de los cuales se han incorporado recientemente, y con jugadores que sólo parecen interesarse por sus ingresos publicitarios. Sin embargo, capítulo a parte para su hinchada, que demuestra una voluntad inquebrantable a pesar de todo.

El balón comenzó a rodar. La defensa del equipo anfitrión lucía impenetrable, y a medida que pasaban los minutos la frustración en el equipo visitante, que nunca llegó a tener el control del partido, terminó por desquiciarlo. La terna arbitral impidió la circulación del equipo visitante en todo momento, cortando el juego constantemente, sin darle posibilidad de poder enlazar varios toques a la vez. Había pasado algún tiempo en que no se veía un arbitraje tan casero, veremos si esto traerá consecuencias.

El equipo anfitrión parecía tener todas las piezas a su favor. Los astros alineados, las cartas echadas, la twitcam instalada, sólo era cuestión de dejar pasar los minutos.

Pitido final del encuentro, con celebración del equipo local incluida, sabedor de que había ganado otra batalla importante camino a la consecución de la copa. El equipo visitante, junto a los hinchas que lograron sortear las barreras que se levantaron cerca del estadio, se retiraron poco a poco, algunos todavía con ganas de lucha, prometiendo regresar más adelante, otros mostrando las heridas en sus cuerpos y ocultando las heridas del alma ante la decepción y frustración acumulada.

2.04.11 7:00 pm *Aquí la crónica de un colega al que le sacaron "tarjeta roja" por cubrir el evento http://reporteciudadano.confidencial.com.ni/article.php?id=69

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