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Friday, July 20, 2012

Del parque y otras pérdidas

El otro día me decía Migomismo, en broma-enserio, que debe haber quedado tan pijudo el parque Luis Alfonso Velásquez, que ninguno de los medios críticos al gobierno han dicho nada en contra de su remodelación, o mejor dicho, resurrección.

Increíble, ese parque del que tengo infinidad de recuerdos fue descuidado hasta dejarlo morir, quedando reducido a un par de canchas de tenis (sí, ese deporte cuyo último punto tiene nombre), unas otras de basquet y la seguridad de que si uno pasaba por ahí en plan turista camino al parque contiguo donde están enterradas cientos de AKA47 como símbolo del fin de la guerra de los 80s, mínimo salías con una taquicardia por huir de "los amigos de lo ajeno".

Esta pérdida-resurrección me ha llevado a darle vueltas a la siguiente idea: será que los nicaragüenses, acostumbrados a no tener muchas cosas, hemos olvidado cuidar las que sí tenemos.

Tanto nos costó alcanzar una paz y entendimiento relativo, por ejemplo, que a mí me ha dejado perplejo la capacidad con la que muchos nicas dicen, entre trago y trago, que están dispuestos a "luchar" de ser necesario en un futuro hipotético, delirio causado seguro por el repentino subidón de azúcar y deshidratación en el cerebro. Sorprendente disparate considerando que la mayoría de la gente que conozco nunca se enmontañó porque eran bebés. En cambio, ironía de la vida quizás, dejé de conocer a otros como mi tío, que dejó un bebé que le tocó conocer de primera mano lo mucho que se puede perder en una guerra. 

Thursday, July 5, 2012

La vuelta al mundo con Arnoldo


Yo sé que debería estar escribiendo sobre seguridad ciudadana para participar en el Festival de Blogs, pero no pude dejar pasar el notición del viaje de vacaciones de Arnoldo Alemán por Cuba, Rusia, China y demás escalas de una línea área que me suena a mis años de niñez.

Y es que Arnoldo regresó con una gran epifanía: EEUU no es el mundo. Tremendo. Yo no tengo nada personal en contra de Arnoldo, qué va, ni el hecho de que gracias a él miles de gorditos como yo ganamos mala fama. “Ese gordo hijoe…” decían varios de mis amigos, borrando todo el trabajo de mercadeo que nos ha costado ganarnos la fama de amables, alegres y abrazables.

Yo me encontré una vez a Arnoldo camino a Chicago, cuando aún los dos teníamos Visa para entrar a Estados Unidos. Esa vez él iba con casi toda la familia, parecía que a un evento importante. Iban todos elegantes, en primera clase, con alguno que otro que parecía su guardaespaldas.

En esa época sus hijos estudiaban en colegios “norteamericanos” del país, mientras otros habían estudiando en universidades en EEUU. Hasta apartamentos tenía él y su familia por allá. Negocios también, más lucrativos que una carne asada en El Nuevo Centro Comercial Managua en Miami, supongo.