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Thursday, August 30, 2012

La Juventud Sandinista que me vio crecer

Con sólo unos meses de vida, conocí a muchos amigos de mi mamá y mi papá, todos de la Juventud Sandinista, a los que por muchos años llamé tíos. Yo los veía mayores, pero haciendo cálculos la mayoría habrá tenido entre 20 y 30, la edad que tengo ahora.

Jodían entre sí y se daban bromas pesadas. Una vez, por ejemplo, me pidieron me hiciera pasar por el hijo de uno de ellos para matarle el rally mientras cuenteaba a una chavala. La broma; ir donde estaban flirteando y decirle "papá, dame riales para un chicle", a lo que el amigo de mi mamá sólo pudo decir "tomá chavalo jodido". Sonrisa en mi cara por ver a todos ellos disfrutando de la broma.

Pero la jodedera y las bromas también iban acompañadas de caras serias, preocupaciones, responsabilidades, algunas de las cuales hasta ahora puedo entender. 

Les confieso que desde hace unas semanas vengo dándole vueltas a esta entrada. Quería contarles que además de haber crecido rodeado de periodistas, antes me había tocado crecer rodeado de algunos de los mejores chavalos de su época, jóvenes comprometidos y dispuestos a darlo todo por una causa. Dispuestos a ofrecer el tiempo con sus familias, a llevar a su hijo con unos meses de nacido al lugar de trabajo; a cuidar al hijo de los otros como si fuese de la familia.

Cuando empecé a ver en los periódicos sobre las actividades de la “nueva” Juventud Sandinista, poco después de la toma de posesión de Daniel Ortega en 2007, tuve sentimientos encontrados. Me parecía que, aunque un movimiento legítimo, no dejaba de ser partidario y de resurgir con el partido en el poder. Me preguntaba dónde había estado esa organización durante los años en que el partido no estuvo en el poder, qué actividades desarrollaron en los barrios, en sus comunidades.

Pensaba eso pero también tenía nostalgia por los años de mi niñez, los jóvenes de aquella época que me vieron crecer, muchos de los cuales por cierto ya no militan en el partido.