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Friday, September 7, 2012

Conversación fallida con Migomismo

Desde pequeño me obsesionaba con las cosas. Si quería algo, jodía y jodía hasta conseguirlo, aunque no siempre lo hacía. Sino lo obtenía, agarraba mi mochila y empezaba a caminar hasta donde mi abuela, un trayecto de Don Bosco a Los Robles.

Cuando tenía casi los 5 años empecé a hacerlo bordeando el Roberto Huembes. Rápidamente descubrieron la ruta. Así que la cambié, atravesando el mercado que conocía de memoria; luego por el Polideportivo, parada para pedir agua helada en la casa de la abuela de mi primo en Altamira; ya sin sed, caminaba hasta llegar a mi destino, donde claro, ya me estaban esperando.

Como a algunos les gusta sacar conclusiones fáciles, el que me vea ahora pensará que es imposible que caminara tanto. Pues se equivoca. Todavía me encanta, es sólo que después de que me cachimbearon para robarme un reloj, mi amor por caminar por Managua nunca fue el mismo. Pero bueno, estoy agarrando para otro lado.

Conversando el otro día con Migomismo, le decía que con 30, he llegado a la conclusión que obsesionarse con una idea puede ser clavo. Idealizar es una estupidez, obligarse u obligar a otros a cumplir “tu sueño” es perverso, es una trampa de doble filo, una bomba esperando explotar…