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Monday, October 29, 2012

Destiempo

De pequeño uno se imagina mayor. Imagina tener la libertad para ir a todos esos lugares donde no te dejan ir, hacer todas esas cosas que no se pueden hacer. Luego uno alcanza cierta independencia, usualmente facilitada por un salario y acompañada de alguna que otra jarana, un poco de calvicie y desvelo... y uno es eso y nada más, un poco más independiente.

Con el tiempo los lugares se vuelven menos emocionantes, la gente cambia, y no lo digo en sentido figurado; los grupos se mueven a bares más caros o dejan de salir, comienzan a ir a cenas y jugar Jenga o charada, estrategia secreta para ahorrar y pagar jaranas. Otros se mantienen rebeldes, desafían el desvelo y todo aquello que les pueda generar estados de cuenta de más de cinco cifras.

Y aunque sonaría romántico decirlo, nunca desearía volver a tener 13; la inseguridad en uno mismo, la incertidumbre en el futuro (-¿qué voy a hacer cuando sea viejo, cuando tenga 24 años?-, todavía me lo pregunto a los 30)... que las chavalas me dijeran "te quiero como amigo" o "tenés unos ojos lindos" (cómo eso devino en bateada, tiene que ser el peor revés en la historia de un cumplido)... Si tuviera que pasar por todo eso de nuevo, no sé si sobreviviría.

"La sabiduría nos llega cuando ya no nos sirve de nada", y cito uno de los pocos libros que he leído y así usted, querido lector, puede saber que esto va en serio. El destiempo, eso que en inglés creo que se llama "bad timing". Ocurre cuando querés tener 24 pero tenés 13. Cuando tenés 30 y querés tener 30 y tener lo que otros tienen a los 30, pero no lo tenés... y todo comienza de repente a parecerse al capítulo de final de la segunda temporada de How I met your Mother, en donde Ted y Robin terminan luego de un desafortunado mal entendido y la certeza de tener visiones opuestas de lo que quieren... Sí, algo así es el destiempo.


Decir algo en el momento incorrecto. Decir algo cuando tampoco uno lo quiere. Conocer a alguien en un momento extraño de tu vida. Sacar el clutch muy rápido y que el carro se apague a mitad de la Rotonda Rubén Darío a la una de la tarde.

Seguir haciendo concesiones, decisión valiente, pero inútil. Sí, como una bomba de tiempo.

El destiempo es cosa seria. Condición crónica en algunos, podría atestiguarlo. Mi consejero legal (que no es Migomismo porque está dentro del tercer grado de consanguinidad) dice que el destiempo lo sufren todos.

Migomismo, que difiere la mayor parte del tiempo con mi consejero legal, esta vez se pone de su lado y piensa que en efecto, todos padecemos el destiempo, visión que a mí me parece apocalíptica.

Dice Migomismo que es porque todos estamos conectados –sí, la ley de los seis grados de separación habla sobre…- y mientras él continúa desarrollando su monólogo, yo me desconecto de la conversación para trasladarme a otro lado, quizás el planeta que sale en Avatar, no sé. Veremos a dónde me lleva ese viaje astral, quizás logre ver qué me depara la otra mitad de mi vida. Esta vez empiezo con ventaja, con un salario y algo de jaranas y un poco más de independencia, pero quizás un poco a destiempo, veremos.

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