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Sunday, May 26, 2013

Migrar, sueños y estafas

De todos mis primos, once están fuera del país. Siete viven fuera legalmente y han venido de vacaciones las veces que han podido a recordar cómo se siente comer gallopinto casi diario. Mis otros primos no tienen esa suerte, su estatus migratorio no les permitiría regresar de manera legal al país donde viven, tienen familia, amigos, trabajo, en fin, una vida.

Casi todos ellos han posteado en sus Facebooks que a 28 grados en sus países anfitriones, se están muriendo del calor. Migomismo piensa que son unos desubicados, y debo coincidir con él. Con 28 grados en Managua muchos andarían en suéter. Más allá de ese estatus, sus historias son diferentes.

Los que están viviendo ilegalmente tuvieron que atravesar un desierto, guiados por algún "coyote". Me imagino sus travesías iguales a las contadas por el equipo de El Faro, un periódico digital salvadoreño, o la película Sin Nombre, en la que un joven hondureño huye de la violencia de su país. Mis primos y yo nunca hemos hablado de sus viajes. Ni yo ni ellos hemos estado interesados en empezar esa conversación.

Aunque las razones por las cuales migraron inicialmente son diferentes, la mayoría de mis primos se han quedado donde están bajo el convencimiento que en Nicaragua probablemente no encontrarían las mismas oportunidades de trabajo o estudio. 

Y no es que mi familia sea "trotamundos". Según las encuestas, una gran cantidad de nicaragüenses afirman querer migrar. Basta con sólo preguntar a un par de jóvenes en la calle para constatarlo. 

Los universitarios sueñan con una beca para estudiar una maestría en Estados Unidos, Europa, México o un destino más exótico como Nueva Zelanda, donde habitan orcos y elfos. Ellos saben cómo aplicar a becas, van a charlas y a ferias de información. Hacen TOEFLs, GREs, gastan un montón de plata en libros y cursos, y antiácidos para la úlcera. Algunos hasta pedirán préstamos bancarios para pagarse su viaje y estadía, y empezarán otra etapa de sus carreras enjaranados.