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Tuesday, March 4, 2014

Renuncia formal a buscar el "hombre nuevo"

Les fallé. No quiero caer en la excusa fácil de decir que ustedes también fallaron. Al final cada quien es responsable de los tiempos en los que le toca vivir. Crecí rodeado de jóvenes que creían estar construyendo con sus acciones al “hombre nuevo”. Sí, porque en esa época no existía lo de “las y los”, menos lo del “@”. Eso vino después.

Reconozco que ustedes tampoco quisieron caer en la excusa fácil de señalar a otros. Se suponía que quienes gobernaban y tomaban las decisiones estaban más cerca de ese ideal, “habitaban” en un escalón superior. Y quizás así era. Sin embargo, inmersos en una guerra, aquellos que tenían que tomar las decisiones tuvieron que hacer sacrificios, y no me refiero a ellos necesariamente. Tomar la decisión de quiénes debían sacrificarse abrió las puertas a atropellos. Se entiende así o no, lo dejo a cada quien decidirlo.

Lo cierto es que los ideales de igualdad; la solidaridad para con aquellos que no pensaban como la mayoría (o al menos la mayoría institucional); eso debía dejarse para otros tiempos, los de paz, aquellos que vendrían algún día alcanzada la victoria… esa que nunca llegó.
Lo del “hombre nuevo” no era una utopía, era algo que se podía alcanzar, estaba cerca o al menos eso creyeron ustedes, eso pensaban quienes dieron su vida creyendo lo mismo. Eso me hicieron creer a mí.

Y ahora, muchos años después, me veo a mí mismo y sé que no soy ese “hombre nuevo”, tampoco creo que quienes me rodean lo sean. Dejo a cada quien considerar si es así o no, no vengo a imponerles nada.

Quizás el “hombre nuevo” se cansó esperando su turno de proponer nuevas ideas; o es posible que se haya desilusionado viendo cómo aquellos que han impuesto su visión del mundo a través del poder económico y político lo siguen haciendo en todos los rincones del planeta; o le exasperó ese sentimiento de Dejavú, péndulo histórico le dicen algunos, de verse re-actuando un documental de la guerra fría. Quién sabe.

Entonces, sirva la presente no sólo para aceptar que he fallado, sino para decirles que en vista de ese fallo renuncio de manera formal a seguir creyendo en que construir ese “hombre nuevo” es posible. Libero a mis hijos, si algún día tengo uno, a seguir tras esa búsqueda, y les digo: vivan sin atadura alguna a esos ideales con los que yo crecí, siempre crean que pueden ser mejores, cuestionen cuanto puedan y a quienes puedan, no crean en la superioridad de nadie. No se preocupen, sólo traten de hacer lo mejor posible y no tengan miedo en aceptar si alguna vez han fallado. Y no caigan en la excusa fácil de culparme.

3 comments:

  1. Broder Charles: No hay que renunciar, renunciar nunca, pero eso es para una tarde filosófica. Date una vuelta y trae a la jaña.

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    1. Ronald, gracias por la invitación, sigo teniendo entre mis pendientes hacerte una visita. Escribí esta entrada porque la idea me llevaba rondando ya mucho tiempo. La escribí más como una forma de avanzar, de aceptar que las cosas no salieron, y buscar otros objetivos, sin culpar a mis padres y su generación por el fallo, aceptando mi responsabilidad en el asunto y exonerando a las generaciones futuras por algo que a duras penas sólo algunos conocen. Abrazos.

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  2. Las utopías pienso, a veces lo que hacen es mantener una esperanza cruel de que las cosas pueden cambiar y en eso se nos va la vida, tomo la palabra y la invitación que haces a tus hijos de vivir y no culpar a nadie, realmente yo hace mucho deje de creer en casi todo lo que creia antes de tener conciencia de que no todo lo que dicen es verdad absoluta.

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